
Pensar en un Socialismo moderno, es pensar en un socialismo que trabaje dentro de los parámetros democráticos. Es decir, respetando el pluralismo político, tanto de partidos como ideológicos; reconociendo a la participación política horizontal como eje básico en el desarrollo partidario, así como una profundización de las libertades políticas. Dando el debate en todos los ámbitos de la vida social, pero más aún allí donde nos creen ausentes.
Las hipótesis Revolucionarias no obligan a centrar un discurso 30 o 40 años atrás. El socialismo debe pensarse en una continuidad y una permanencia de las instituciones de la Democracia, siempre y cuando, tenga como paradigma una profunda transformación de las mismas. Esta transformación solo puede estar apoyada por una mayor participación e intervención en el Estado de todos los actores de la sociedad civil.
Siendo realistas la Democracia Representativa (Hoy vigente) no presenta buenas perspectivas hacia futuro. Se ha mostrado Incapaz de lograr Justicia Social en la asignación de recursos en nuestras economías. Nos ha llevado a un agotamiento de los Recursos disponibles. Y nos deja como legado una fuerte crisis de representación política, con climas insurreccionales. Digamos de una buena vez ¡Basta de Democracia Representativa!
Vivimos en sociedades diversas donde las tensiones, los contrastes, aparecen de manera constante. Un conflicto social y político puede bloquear su expresión con la fuerza, con la coerción, como es el caso de muchos sistemas autoritarios y totalitarios (En sociedades diversas la forma de plantear la no diferencia es a partir de la represión física o simbólica), pero vuelve a plantear con mayor intensidad en un segundo momento. Así en sociedades heterogéneas, como las nuestras, la única forma de plantear la no diferencia es a partir de la represión. Pero si no encontramos espacios institucionalizados donde podamos reconocernos mutuamente entonces, ¿Cómo concebir las diferencias? ¿Cómo evitar discusiones de suma cero?
Proponiendo un cambio cualitativo. Pasar de la participación tolerante (delegativa) a la participación real, física, activa. Pensar a las personas como sujetos de derecho a participar. Es decir derecho a solicitar y recibir información, Derecho a consulta y a propuesta, Derecho a participar en la toma de decisiones, Derecho de CO – GESTION, Derecho a controlar y a denunciar. Es decir construir un Poder Social capaz de movilizar voluntariamente a las personas en una acción colectiva.
Las Asambleas Ciudadanas, los procesos de descentralización y los Presupuestos Participativos se presentan como herramientas capaces de transformar la forma en que nos relacionamos, en que vemos al “otro”, al que no es igual a nosotros. Se trata de construir equilibrios inestables, es decir armonizar las diferentes relaciones de fuerza que coexisten en toda sociedad en un espacio reconocido e institucionalizado.
En la vida Democrática, la humanidad debería tanto como le fuera posible determinar su vida. La desigualdad de las personas en el acceso a los recursos económicos y a los bienes culturales y simbólicos es una amenaza seria y persistente contra este principio. Las Democracias Participativas nos ponen por primera vez en un pie de igualdad real, donde todos (como sujetos de derecho a participar) tenemos el mismo Poder en la asignación de recursos. Este principio igualador, sirve como mecanismo preventivo a las posiciones políticas dominantes y su discrecional distribución de los mismos.

La evolución democrática es un proceso sin fin, y siempre nos ha puesto frente a rupturas consuetudinarias, podríamos pensar la conformación de las Ciudades Estado Griegas y su gobierno de “todos”. La ampliación de la noción democrática a limites más amplios con la consagración del Estado – Nación, la proclamación de los derechos del hombre y la ampliación de las bases democráticas. Hoy las Democracias Participativas como instancia superadora de la noción democrática Liberal nos proponen una vuelta de tuerca. ¡¿Estaremos frente a una (nueva) tercer gran ruptura de los límites y posibilidades de la democracia?! La historia de la evolución democrática nos alienta a pensar eso. Podemos decir que las aspiraciones de la democracia son verdaderamente Revolucionarias. Pensar al mundo como una comunidad es, indudablemente, una utopía realista.