lunes 22 de febrero de 2010

Café


Miró de reojo la borra negra tediosa, muere de luto tarde en la noche. La hoja blanca me insulta, me pega una bofetada y se queda ahí inmóvil, amenazante, con los ojos fijos donde no puedo verlos. Una cabeza por demás gacha, de mirada esquiva.

Me invita, salgamos a volar, viajemos donde nunca mas, donde la nada es dueña. Temo, desconfió, ella puede más y se aleja. El reloj me amenaza, ya es hora, debo volver. Olvidar de una vez.

La lluvia cansada, con fe ciega cae, sabe dónde va. No frena y corre, se aleja. No tiene donde frenar. Apagaste mis luces, encendiste mil lunas. Complotaste con las noches para hacerte de mis sueños. Huiste. Solo estoy.

La borra del café, vestida de luto, ya fría muere en el fondo. La hoja blanca ya no tan blanca tendida a un costado no mira, demasiadas tintas, rasgaron sus sueños.